Joondalup es hoy un suburbio de Perth, la capital del estado de Western Australia que se expande rápidamente absorbiendo los pueblos y villorrios en sus alrededores. Ubicado unos pocos kilómetros al Sur de Perth, siempre en la costa, Joondalup hoy convertido en una atracción por el magnífico “golf resort” del centro de la ciudad, mantiene sin embargo el carácter aletargado y rural de Australia, característica que lo obliga a uno a examinar su propia forma de vivir. Salí de Denver un Viernes y llegué a Perth un Domingo por arte y obra del cruce de la línea internacional del tiempo. Sin importar la ruta que uno haga –por Singapore, por Hong Kong, por Auckland, siempre se trata de un viaje interminable de por lo menos 21 horas, sin contar la horas de espera en aeropuertos. Este es el confín del mundo, pero mas lejos se siente uno estando en Timbuktú o en Bukavu..
Hice mis visitas obligadas a Perth y a Freemantle. He reconfirmado que soy un tipo de costumbres arraigadas que se llena de íconos, que establece ritos y se somete a peregrinaciones a los mismos lugares como si intentara pagar una deuda contraída con ciertas deidades, pero sobre todo porque aquellas repeticiones me evocan vivencias con profunda intensidad. En Perth, rehice una vez mas, la caminata por St George´s Terrace casi hasta los pies de King´s Park, almorcé sushi en el Matsuei, en el primer piso de QV1, el edifico mas alto de Peth, me refocilé con los jardines de las Cortes y las esculturas bellamente plantadas en sitios estratégicos, me fui al Jetty, al embarcadero, en la ribera del Swan river,al final de Barrack street, divisé el manífico restaurant Halo donde se come pierna de cordero como no he comido en ninguna parte….. hurgueteé en las tiendas de discos y en las de ropas de descarte del ejército por las rarezas que uno puede conseguir, me fui a las extraordinarias tiendas de mapas donde se pueden encontrar verdaderas joyas para viajantes, llamé a mis amigos, pensé en la otra mitad del mundo.
Al dia siguiente me fui a Freo (Freemantle), en un día primaveral esplendoroso, donde el sol reverberaba sobre el Indico sacándole destellos verdes y azulados. Mientras caminaba en una playa de arenas blancas con los ojos entornados, evocando las imágenes de los párrafos finales de ”El Extranjero”, el aroma de la sal iba despertando en mí recuerdos que finalmente terminaron por imponerse sobre aquellos de mi imaginación. El contacto tibio de la arena en mis pies, el sonido acariciante de las olas barriendo la playa, el viento desgreñándome el cabello, el sol quemándome la piel, el graznido de las gaviotas que alborotadas parecían jugar con el viento….todo me ocasionaba una felicidad genuina, una sensación de bienestar uterina, un regalo que cada vez que vengo a Australia busco siempre anhelante.